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martes, 21 de septiembre de 2010

Las personas: Un camino hacia el éxito

Nunca en la historia de la humanidad, los seres humanos han sido tan ensayados y puestos a prueba. En la era de la globalización y la informatización sólo se tendrá espacio todo aquel que sepa exactamente lo que quiere lograr y utilizar toda su inteligencia e innovación para descubrir nuevos caminos.

Investigue "era del conocimiento" en un sitio de búsqueda y aparecerán más de 9,58 millones de páginas de resultados. Si tuviera que abrir y leer cada uno de ellos, suponiendo que tardase un minuto por página, se necesitarían alrededor de 220 días leyendo 12 horas diarias sin pausa para completar la investigación, incluso si la mitad de las páginas fuesen descartadas, repetidas o dañadas aún serían 110 días sin descanso. Esto demuestra la cantidad de información que tenemos a nuestro alrededor, solo citando un determinado asunto.

Según los especialistas en gestión del conocimiento, cada año una empresa duplica el banco de información y crea el reto de almacenar, indexar y volver accesibles y útiles todos estos datos. Sólo de esta manera la información almacenada puede convertirse en combustible para el conocimiento.

Pero millones de informaciones no tienen valor alguno si no se convierten en conocimiento y eso sólo se puede hacer mediante las personas.

Información y conocimiento son esencialmente creaciones humanas y nunca seremos capaces de administrarlos si no tomamos en consideración que las personas juegan un rol clave en este escenario.

De acuerdo con las definiciones del Diccionario Aurélio da Língua Portuguesa hay gran diferencia entre datos, información y conocimiento. Sin embargo, con explicaciones diversas, cada uno de los términos se señala como sinónimo de los otros.

Como negarlo, el conocimiento es esencial, de acuerdo con Bertrand Russell en “Los problemas de la Filosofía”, ", la principal importancia de los conocimientos es que nos permite ir más allá de los límites de nuestra experiencia privada. A pesar de que no podemos conocer verdades que no sean compuestas exclusivamente por términos que hayamos experimentado por conocimiento directo, aún podemos adquirir conocimiento por la descripción de las cosas que nunca hemos experimentado. Dado el limitado alcance de nuestra experiencia inmediata, este resultado es vital, y si bien no se comprenda, gran parte de nuestro conocimiento debe permanecer misterioso y por lo tanto incierto.

En fin, podemos y debemos aprender de la experiencia de otros y sin embargo a pesar de los avances científicos y tecnológicos nunca nos hemos sentido tan solos y perdidos, la competición ha aumentado a tal punto que compromete las relaciones, el conocimiento se recicla a un ritmo que a menudo nos sentimos sobrepasados, y así vivimos estresados.

Pero no se desespere, en la sociedad del conocimiento, los individuos son esenciales, sin ellos el conocimiento se disipa, ya que es dinámico.

Peter Druker advierte que la moneda de este nuevo conocimiento no es impersonal como el dinero. El conocimiento no reside en un libro, en una base de datos, en un programa de software: éstos contienen información. El conocimiento siempre es incorporado por una persona, es transportado por una persona, se es creado, ampliado y perfeccionado por una persona, es aplicado, enseñado y trasmitido por una persona, y es utilizado bien o mal, por una persona.

Para Druker, la sociedad del conocimiento pone al individuo en el centro, y esto plantea desafíos y preguntas acerca de cómo preparar una persona para que actúe en este nuevo contexto.

Bajo esta nueva perspectiva, las personas dejan de ser solo peones, y pueden volver a recuperar su identidad, el conocimiento se convierte en sabiduría a través de la diversidad que existe dentro de cada uno de nosotros, cada uno procesa y utiliza la información de una manera tal, que se diferencia en la vida.

El conocimiento es acumulativo, y ningún hombre, no importa lo brillante que sea, desarrolla su pensamiento al margen del saber colectivo. Todo salto creativo y original necesariamente viene apalancado, en alguna medida, por el legado histórico del conocimiento humano, acumulativo y en continua expansión.

El diferencial en este milenio es cómo va a utilizar este conocimiento, porque salimos de la era del empleo y entramos en la era del trabajo.

James Rauch economista de la Universidad de California en San Diego, demostró que por cada año adicional de escolaridad aumenta la productividad en un 2,8%.

Sin dudas, las personas son el foco de este milenio, ya que estamos en transición entre la era del conocimiento y la era de la humanización.

Thomas A. Stewart, columnista de la revista Fortune y autor de "Capital Intelectual", dice que el conocimiento es el ingrediente fundamental en todo lo que compramos y vendemos, la materia prima con la que trabajamos.

Ya Ikujiro Nonaka co-autor de "La Creación del Conocimiento en la Empresa" y considerado uno de los seis pioneros de la nueva visión de la empresa basada en el conocimiento, señala que "una economía donde la única certeza es la incertidumbre, la única fuente restante de ventajas competitivas es el conocimiento."

Por otra parte Sigmund Freud sorprendió al mundo al declarar que el hombre no era dueño de su propia conciencia.

El filósofo francés Pierre Levy, uno de los principales estudiosos de la llamada Era de la Información, dice que hoy el conocimiento está en las manos de la gente que aprende, trasmite y produce conocimientos de manera cooperativa en su actividad diaria. Y señala que cuando la información se transmite de una persona a otra, esta no se pierde, y que cuando se utiliza esta información, no se destruye.

De todas formas, no hay nada definitivo cuando se trata de conocimientos y de personas.

El filósofo austriaco Ludwig Wittgenstein considerado uno de los más grandes del siglo XX, dice: "Los límites de mi lenguaje son los límites de mi pensamiento."

Así que su destino está en sus manos. Bienvenido(a) al caótico siglo XXI.

• TÍTULO ORIGINAL: Pessoas o caminho para o sucesso

o Autor: Roberto Recinella
o Publicado: 19/08/2010

• FUENTE: Portal Qualidade Brasil
http://www.qualidadebrasil.com.br
• TRADUCCIÓN DEL PORTUGUÉS: José Manuel Sarmiento M.

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