CALIDAD EN GOTAS



domingo, 9 de agosto de 2009

EL EFECTO PIGMALIÓN EN LA GESTIÓN DEL FACTOR HUMANO

Las Fortalezas del Empleado Desalojan sus Debilidades.

"Ocupémonos de las fortalezas de los individuos y concentremos nuestro interés en ellas. Todos poseemos fortalezas, así como debilidades. Pero el desgaste que representa ocupar nuestra energía en corregir, criticar, moralizar, sermonear y amonestar, será siempre superior a la pericia de poner nuestra atención en las potencialidades, virtudes y fuerzas constructivas de cada trabajador."

Apliquemos el EFECTO PIGMALIÓN

En la mitología griega, Pigmalión fue un rey de Chipre que se enamoró de una estatua de la diosa Afrodita. La cultura romana (Ovidio, en su Metamorfosis) reelaboró el mito: Pigmalión era un escultor que fabricó una estatua de marfil representando su ideal de mujer; y se enamoró de su propia creación. La diosa Venus –la equivalente latina de la griega Afrodita- le dio vida a la estatua atendiendo a las plegarias de Pigmalión.

El efecto pigmalión, llamado así en honor a Pigmalión, es el proceso mediante el cual las creencias y expectativas de un grupo respecto a alguien afectan su conducta a tal punto que se provoca en el grupo la confirmación de dichas expectativas.

En todos los grupos sociales, la tradición cultural asigna normas de comportamiento, generalmente implícitas, a las que se espera que se amolden sus miembros. Estas normas imponen códigos de conducta que no son fáciles de evadir, por ejemplo, el que una mujer deba tener gestos delicados o que si la familia de una persona es adinerada, entonces esa persona debe vivir en una casa lujosa. Lo que empieza como una imitación por parte de los hijos de lo que hacen sus padres, se convierte en su propio modo de ser. Esto quiere decir que las personas adquieren un rol a partir de los demás, y acaban creyéndolo propio. Se puede decir entonces que somos lo que los demás esperan que seamos.
El EFECTO PIGMALIÓN pasa a ser entonces algo así como una profecía “autocumplida”. Las expectativas de una persona sobre otra ejercen una fuerza tal, que de algún modo influyen en su comportamiento en forma positiva o negativa. Si realmente creemos que un empleado será malo, esto se convertirá en una profecía, ya que el empleado, casi sin darse cuenta, cumplirá tal expectativa.
El Efecto Pigmalión se producirá en una persona si esperamos mucho de ella. Esto la llevará a hacer todo lo posible por satisfacer nuestras expectativas, mientras que si esperamos poco de ella, seguramente no se esforzará por lograr un mejor desempeño.

La fuerza inconsciente de los líderes auténticos consiste en lograr el mejor desempeño de sus colaboradores, porque creen en sus facultades o habilidades para realizar su trabajo. La profecía positiva sobre sus subalternos se cumplirá entonces, por el solo hecho de confiar en las habilidades de cada quién. El líder actúa convirtiendo sus percepciones sobre cada colaborador en una relación que le lleva, constructiva o destructivamente, a confirmar esas percepciones.

Un ejemplo puede ser el siguiente:

Un jefe entra en la oficina donde están sus trabajadores y observa a uno de ellos al que aprecia mucho. El jefe no se da cuenta pero entra con una sonrisa de lado a lado y además, habla con un tono amigable y le ofrece tareas que fomentan el crecimiento intelectual. Hasta este momento, el empleado no tenía ningún sentimiento (ni bueno ni malo) hacia él. Pero, ante estos estímulos, es más probable que el empleado comience a sentir amistad por el jefe. Sin darse cuenta el jefe, el resultado de la relación entre él y su colaborador ha llegado a la situación que tenía en mente el jefe, favorecida por sus propias acciones, las cuales no ha observado, pero que ha realizado realmente.
Por otro lado, también existen efectos de Pigmalión con el mismo resultado (conseguir el fin que se tiene en mente) pero con tónica negativa. El jefe no aprecia a un empleado, aunque él mismo no sabe cuál es la razón para ello. Del mismo modo, el empleado no tiene ningún tipo de opinión sobre su superior. Cuando llega el jefe, lo hace con cara agria, tono imperativo y le asigna tareas que están muy por debajo de la capacidad de su colaborador. En definitiva, el empleado tiene más probabilidades de acabar realizando sólo ese trabajo pues recibe estímulos que le dirigen hacia esa situación. Al final el jefe dice "Sabía que no podía dar más". Y no se da cuenta de que muchos signos que recibe el colaborador, son trasmitidos por el jefe de forma velada incluso para él mismo.

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